Te escribo casi a media noche de un Domingo cualquiera,
estoy casi segura que en estos momentos
estas organizando tu corbata para
ir a trabajar mañana, yo ya organicé mi ropa
aburrida, la alarma y mis sonrisas falsas para mostrar cuando entre a la
oficina.
Me siento cansada de la rutina y de escuchar tantos saludos hipócritas,
quisiera dedicarme todo el día a escribir, a tomar fotografías y a hacerte sonreír ¿pero a quién logro
engañar? Esa no fue la vida que me tocó
vivir. ¿Sabes? A veces imagino que un Lunes cualquiera cuando menos lo espere abriré
los ojos y toda mi habitación estará llena de fotografías la mayoría en tonos
grises pero bien sabes que esas son las que logran estremecer el alma, también imagino
que hay muchos papeles sueltos con miles de escritos en ellos, cientos de
poemas, uno que otro guion y un par de canciones. Imagino que despierto con una sonrisa en mi
rostro porque al lado de mi cama te
encuentras tú y no cariño, no fue necesario
que alistaras tu corbata la noche anterior porque te levantarías y te dedicarías todo el día a
crear docenas de melodías; entonces amor mío, tú y yo somos un poco más felices... más felices de lo que jamás imaginamos.
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