La noche en que Loretta y yo nos besamos por primera vez fue
mágica, sus besos eran tiernos, delicados y extrañamente me hacían sentir
tranquilo. Nos besamos exactamente a las 7, no había ninguna estrella pero las
luces de los carros, el frío de la ciudad y sus manos sobre mi cuello fueron el mejor
escenario. Ese beso fue para mí un trozo de eternidad, fue como si el planeta se hubiera detenido y el único sonido que escuchaban nuestros oídos
eran los latidos de mi corazón a punto
de infartar.
Pero la perfección de ese momento fue interrumpida por una
sonrisa en su rostro después de haber dicho las palabras más frías y crueles
que he escuchado en toda mi vida…
“Ojalá te hubiera conocido antes”.
En ese instante por fin entendí que las palabras hieren más que cualquier otra
cosa.
Mi vida a través de su alma.
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