Loretta siempre me decía que extrañaba aquella época donde la felicidad parecía ser eterna o al menos eso era lo que ella creía. Sus historias siempre comenzaban con… “Hace algunos años cuando era feliz, tan feliz como ese instante que las orugas se dan cuenta que tienen alas y son hermosas”. Parecía un disco rayado cuando se emocionaba contándome anécdotas de su abuela y su tía esquizofrénica. Ahora echando un vistazo a mi memoria recuerdo la primera vez que me contó una historia, no sé con certeza lo que me dijo, la verdad es que estaba tan distraído escuchando su risa y observando sus ojos brillando que por más que quise fue imposible concentrarme. Todas sus historias terminaban con un final feliz y tal vez ese era el mayor problema… que terminaban.
Mi vida a través de su alma.
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