Ella empezó a contarme
todo los detalles de su última ruptura, me pude dar cuenta que mientras las
palabras salían de su boca una tristeza se fue dibujando en su rostro, esa
misma tristeza que veía en mi madre cuando de niño le preguntaba sobre papá.
Esa tarde Loretta terminó llorando en mis brazos, en mi
cabeza solo retumbaba una frase “¡¿Cómo es posible hacerle daño a algo tan
bello?!”, sus lagrimas no dejaban de caer de sus mejillas, yo sentí que se iba a desmayar de tanta tristeza.
Ojalá hubiera tenido a ese idiota que
aun después de varios meses la seguía haciendo llorar de esa manera, porque estoy seguro que lo hubiera ahorcado
con mis propias manos.
Ella tenía el corazón roto y por primera vez en mi vida
sentí que mi corazón estaba volviéndose añicos al verla así.
Mi vida a través de su alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario