martes, 15 de octubre de 2013

Un jardín.

El jardín de mi alma ya no es el que era antes, las flores  no son tan bonitas,  el cielo es siempre gris y  todo parece tan árido y seco. Pero todavía veo tu sonrisa en cada noche de cuarto creciente.
Perdí el equilibrio desde tu adiós y ningún colibrí decide volar por mis arbustos  y ninguna abejita quiere el polen de  las rosas. Pero todavía recuerdo tu bonita voz.
La lluvia se extinguió y los rayos de sol queman como llamas de fuego de dos metros de altura. Pero yo  te sigo queriendo como aquella  tarde en que nos besamos por primera vez.
No hay aves en mi jardín,  el suelo está erosionado y  los gnomos están oxidados y rotos. Pero  no logro olvidarte, por más que lo intento no aprendo a estar sin ti.
Y mi jardín es el más solitario, el más triste y el más marchito pero te extraño, te echo de menos y no estoy de acuerdo que hayas aprendido a estar sin mí.

No sé qué sentir, todo se viene de golpe cuando las hojas de los árboles se empiezan a caer, cuando ya nada florece, cuando el viento solo lleva polvo, cuando todo  se llena de espinas y troncos astillados, cuando la fuente se parece más  a  un escombro, cuando la vida parece perder su rumbo…  y es cuando recuerdo que mi corazón se parece tanto a mi jardín.


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