El jardín de mi alma ya no es el que era antes, las flores no son tan bonitas, el cielo es siempre gris y todo parece tan árido y seco. Pero todavía
veo tu sonrisa en cada noche de cuarto creciente.
Perdí el equilibrio desde tu adiós y ningún colibrí decide
volar por mis arbustos y ninguna abejita
quiere el polen de las rosas. Pero
todavía recuerdo tu bonita voz.
La lluvia se extinguió y los rayos de sol queman como llamas
de fuego de dos metros de altura. Pero yo te sigo queriendo como aquella tarde en que nos besamos por primera vez.
No hay aves en mi jardín,
el suelo está erosionado y los
gnomos están oxidados y rotos. Pero no
logro olvidarte, por más que lo intento no aprendo a estar sin ti.
Y mi jardín es el más solitario, el más triste y el más
marchito pero te extraño, te echo de menos y no estoy de acuerdo que hayas
aprendido a estar sin mí.
No sé qué sentir, todo se viene de golpe cuando las hojas de
los árboles se empiezan a caer, cuando ya nada florece, cuando el viento solo
lleva polvo, cuando todo se llena de
espinas y troncos astillados, cuando la fuente se parece más a un escombro, cuando la vida parece perder su
rumbo… y es cuando recuerdo que mi
corazón se parece tanto a mi jardín.

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