jueves, 6 de junio de 2013

Mira Margarita, lo que te escribieron.

(Lo siento, tenía que publicarlo, es hermoso y todos o al menos los pocos que visiten este blog sin sentido tienen que leerlo)

"Margarita.
Ay Margarita, como estarás de dañada, de echada a perder, de vuelta mierda. Eso  querida,  es desgracia muy grande, lo sé por muchas cosas, pero también, nos guste o no,   en este mundo horrible que nos tocó, eso de estar roto, echado a perder, es lo más de normal, sólo que en nosotros, en ti, en mí, hace ya tanto esas poderosas energías que tenemos dentro, esos demonios, esas voces Margarita, esas  fuerzas que nos salen del alma y del corazón, empezaron, vaya uno a saber cómo o por qué, a tomar una especie de vida propia, una voluntad tan de ellas, tan descomunal la gran puta, que ahora, no somos ni siquiera dueños de nosotros mismos, ni de los pasos que damos, de las cosas que vemos, ni de los sonidos que oímos. Somos, tanto tú como yo, hijos bastardos del dolor, de la tristeza y de la angustia, criados por la literatura, ajenos  a este mundo, extraños a la realidad, distantes, lejanos, locos, enfermos, borrosos,  un par de idiotas, y tal cual arriba te lo dije, no somos ya ni dueños de nosotros mismos.
He leído, tanto lo que escribes como lo que no. No te  atacaré Margarita no te juzgaré, no diré si lo que haces o dices está bien o mal, o si debe ser así o no. Si te soy sincero, esa forma de tuya me parece interesante, simpática, no me gusta, no por nada malo, sino porque a mí no me gusta nada. Pero sí tienes algo, así sea el alma llena de ratas, que hace que tú, como poquitas, seas única, sin importar que eso que te hace única si el más duro y destructivo de los huracanes, huaracan que te repito, llevas en el alma y que yo no quiero apaciguar, ni controlar, sólo, a veces quisiera dejar que esas vertiginosas ventosidades tuyas me tomarán y me desgarrarán en pedazos. Me harías un favor.
Pero bueno, no me voy a poner a molestar el avispero.  Voy a decirte algo que desde que leí tú última carta tengo atorado en el alma. A partir de esas pocas palabras podré exponer algunas cosas más trascendentales. Escribiste: “… es una lástima porque en lo más profundo de su alma ella solo quiere sentirse amada y hermosa, sentirse tan hermosa como un jardín de tulipanes. Pero ya no puede, no puede sentirse bonita y menos amada”.
Como no te conozco, o bueno, por lo menos a fondo no puedo decir mucho. En esos términos, te hablaré Margarita desde lo que sí sé y eso no es más que lo que hay dentro de mí, partiendo de una única cuestión: si hay en este mundo alguien que pueda entenderte soy yo. Esto por una cosa muy simple, si algo en mi hay que me destruya, que melle mi voluntad, que me saque de casillas y me suma en hondas, hondísimas tristezas es en definitiva el amor, el maldito amor.
Desde que tengo memoria he tenido algo adentro. Nada me gusta, me quejo de todo y ando de depresión en depresión.  Sin embargo, igualmente, desde hace un tiempo, si hay algo que haya querido es eso: el amor. Esa cosa que para bien o para mal, llena hoy nuestra vida de una horrible oscuridad, de un desasosiego sobrecogedor pero que  Margarita, ha unido nuestros destinos así sea para sufrir juntos, que al final de cuentas es un poco mejor que hacerlo solos.
Como tú, tengo también una historia, una carga, un lastre que desde hace más de un año ha mellado mis ganas y mi voluntad. Y si me preguntarás Margarita querida, para eso sólo debo decir algo: La amo, la amo con cada parte de mí, con todo, todito mi corazón y tal cual van las cosas, será así para siempre.  Adjunto a este mensaje irá una de las últimas cartas que a ella le escribí con el fin de que entiendas un poco las cosas.
Pues bien, hablaba del amor. Por ahora,  con las pocas ganas que me quedan para escribir, atiborrado como estoy de ideas, de emociones y de demonios, quisiera razonar un poco las cosas y decirte que tanto a ti, como a mí lo único que podrá salvarnos  de eso que nos destruye es eso, el amor.
Por tu parte mi querida Margarita, sé que lo tendrás. No sé  cómo o cuándo pero lo tendrás. Incluso, si yo no estuviera tan echado a perder, tan dañado, tan lleno de ratas, hasta te amaría Margarita por la forma en que escribes, por cómo eres, por como sientes, pero ese no es caso que aquí competa. Sólo te diré  que no temas, no dudes, no desistas, cree, ten fe y ármate de fuerza convicción y valor para esperar porque el día que menos lo esperes,  de la manera más extraña, y de la manera que menos imaginas, empezarás a sentir adentro ese grito,  esa fiesta en la panza, ese carnaval en el corazón que hará que te salten tanto las tripas, que pareciera que se te fueran a salir de la emoción.
Yo ya no espero eso, ya lo sentí una vez y no sé si pueda volverlo a hacer. He decidido tomar otro camino, uno más difícil, más desafortunado y quizás más corto. Ese camino, y más que camino, decisión es la de dedicarme a la literatura y sólo a eso, que al final de cuentas, es un largo y placido abismo. Suerte para ti sería  no acompañarme cuando caiga, pues Margarita, debo hacer eso solo, pues es un viaje con  tiquete para uno y apenas de ida. Viaje que tomaron Poe, Hemingway, Caicedo, José Asunción Silva,  Pizarnik, Storni, o como la grandiosísima Virginia Wolf.  Seres ajenos a este mundo, condenados a una vida miserable y vacía,  pero que dedicaron a la escritura y a la reflexión para dejar esta tierra  con una huella, para trascender y de verdad que lo lograron, pero cuando el peso de la existencia y la locura fue más grande que ellos mismos, se fueron y así es mejor. Ese, no sé yo porque, es también mi destino, el amor no. Pero si tú te salvas, si tú mí querida Margarita estás bien, yo lo estaré también y desde la nada y a través de mis letras te acompañaré siempre.
Hoy me ha tocado enfrentarme a días oscuros, tanto los tuyos como los míos. No sé  si los míos aclararán, pero los tuyos en definitiva sí lo harán, estoy seguro. Desearía que  cuando ese momento llegue pueda yo estar contigo. De no ser de esta forma, tranquila, mi alma estará  con vos siempre.
Amarás mi querida Margarita, seguro que lo harás, y te amaran a ti también. Te veo caminando bajo la lluvia, tomada de la mano de un hombre no muy alto, de gestos amables, y vestido con simpleza. Los veo a los dos en una esquina entrelazados en un abrazo, un largo y cálido abrazo.  Así, abrazados esperan. Él te toma la cara y te la acaricia con ternura, tú, como lo quieres haces lo mismo y se funden los dos en un larguísimo y acaramelado beso. Aún llueve, y entre sus dulces labios sientes el agua correr.
Tus días estarán llenos de felicidad, de detalles, de música y letras, porque eso sí ni se te ocurra siquiera acercarte a uno que no lea, ¡jamás!, aquel que te amé, debe hacerlo como lo hacen en los libros, como se ama en la literatura porque así, y sólo así no le importara como seas, y  estará contigo sin importar nada, porque te amara como eres, como sientes, como piensas pues, sin duda alguna serás su vida ya que en ti verá esas musas de los libros en los que se pierde y es algo que los dos comparten, porque tú, mi Margarita querida, lo aceptes o no, tienes muchas cosas que cualquier hombre querría. Yo ese día, espero ya haber levantado mis alas y estar muy, muy lejos, rogando por tu felicidad desde la nada."


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