"Margarita.
Ay Margarita, como estarás de dañada, de echada a perder, de vuelta mierda. Eso querida,
es desgracia muy grande, lo sé por muchas cosas, pero también, nos guste
o no, en este mundo horrible que nos
tocó, eso de estar roto, echado a perder, es lo más de normal, sólo que en
nosotros, en ti, en mí, hace ya tanto esas poderosas energías que tenemos
dentro, esos demonios, esas voces Margarita, esas fuerzas que nos salen del alma y del corazón,
empezaron, vaya uno a saber cómo o por qué, a tomar una especie de vida propia,
una voluntad tan de ellas, tan descomunal la gran puta, que ahora, no somos ni
siquiera dueños de nosotros mismos, ni de los pasos que damos, de las cosas que
vemos, ni de los sonidos que oímos. Somos, tanto tú como yo, hijos bastardos
del dolor, de la tristeza y de la angustia, criados por la literatura,
ajenos a este mundo, extraños a la
realidad, distantes, lejanos, locos, enfermos, borrosos, un par de idiotas, y tal cual arriba te lo
dije, no somos ya ni dueños de nosotros mismos.
He leído, tanto lo que
escribes como lo que no. No te atacaré
Margarita no te juzgaré, no diré si lo que haces o dices está bien o mal, o si
debe ser así o no. Si te soy sincero, esa forma de tuya me parece interesante,
simpática, no me gusta, no por nada malo, sino porque a mí no me gusta nada.
Pero sí tienes algo, así sea el alma llena de ratas, que hace que tú, como
poquitas, seas única, sin importar que eso que te hace única si el más duro y
destructivo de los huracanes, huaracan que te repito, llevas en el alma y que
yo no quiero apaciguar, ni controlar, sólo, a veces quisiera dejar que esas
vertiginosas ventosidades tuyas me tomarán y me desgarrarán en pedazos. Me
harías un favor.
Pero bueno, no me voy a
poner a molestar el avispero. Voy a decirte
algo que desde que leí tú última carta tengo atorado en el alma. A partir de
esas pocas palabras podré exponer algunas cosas más trascendentales.
Escribiste: “… es una lástima porque en
lo más profundo de su alma ella solo quiere sentirse amada y hermosa, sentirse
tan hermosa como un jardín de tulipanes. Pero ya no puede, no puede sentirse
bonita y menos amada”.
Como no te conozco, o bueno,
por lo menos a fondo no puedo decir mucho. En esos términos, te hablaré
Margarita desde lo que sí sé y eso no es más que lo que hay dentro de mí,
partiendo de una única cuestión: si hay en este mundo alguien que pueda
entenderte soy yo. Esto por una cosa muy simple, si algo en mi hay que me
destruya, que melle mi voluntad, que me saque de casillas y me suma en hondas,
hondísimas tristezas es en definitiva el amor, el maldito amor.
Desde que tengo memoria he
tenido algo adentro. Nada me gusta, me quejo de todo y ando de depresión en
depresión. Sin embargo, igualmente,
desde hace un tiempo, si hay algo que haya querido es eso: el amor. Esa cosa
que para bien o para mal, llena hoy nuestra vida de una horrible oscuridad, de
un desasosiego sobrecogedor pero que
Margarita, ha unido nuestros destinos así sea para sufrir juntos, que al
final de cuentas es un poco mejor que hacerlo solos.
Como tú, tengo también una
historia, una carga, un lastre que desde hace más de un año ha mellado mis
ganas y mi voluntad. Y si me preguntarás Margarita querida, para eso sólo debo
decir algo: La amo, la amo con cada parte de mí, con todo, todito mi corazón y
tal cual van las cosas, será así para siempre.
Adjunto a este mensaje irá una de las últimas cartas que a ella le
escribí con el fin de que entiendas un poco las cosas.
Pues bien, hablaba del amor.
Por ahora, con las pocas ganas que me
quedan para escribir, atiborrado como estoy de ideas, de emociones y de
demonios, quisiera razonar un poco las cosas y decirte que tanto a ti, como a
mí lo único que podrá salvarnos de eso
que nos destruye es eso, el amor.
Por tu parte mi querida
Margarita, sé que lo tendrás. No sé cómo
o cuándo pero lo tendrás. Incluso, si yo no estuviera tan echado a perder, tan
dañado, tan lleno de ratas, hasta te amaría Margarita por la forma en que
escribes, por cómo eres, por como sientes, pero ese no es caso que aquí
competa. Sólo te diré que no temas, no
dudes, no desistas, cree, ten fe y ármate de fuerza convicción y valor para
esperar porque el día que menos lo esperes,
de la manera más extraña, y de la manera que menos imaginas, empezarás a
sentir adentro ese grito, esa fiesta en
la panza, ese carnaval en el corazón que hará que te salten tanto las tripas,
que pareciera que se te fueran a salir de la emoción.
Yo ya no espero eso, ya lo
sentí una vez y no sé si pueda volverlo a hacer. He decidido tomar otro camino,
uno más difícil, más desafortunado y quizás más corto. Ese camino, y más que
camino, decisión es la de dedicarme a la literatura y sólo a eso, que al final
de cuentas, es un largo y placido abismo. Suerte para ti sería no acompañarme cuando caiga, pues Margarita,
debo hacer eso solo, pues es un viaje con
tiquete para uno y apenas de ida. Viaje que tomaron Poe, Hemingway,
Caicedo, José Asunción Silva, Pizarnik,
Storni, o como la grandiosísima Virginia Wolf.
Seres ajenos a este mundo, condenados a una vida miserable y vacía, pero que dedicaron a la escritura y a la
reflexión para dejar esta tierra con
una huella, para trascender y de verdad que lo lograron, pero cuando el peso de
la existencia y la locura fue más grande que ellos mismos, se fueron y así es
mejor. Ese, no sé yo porque, es también mi destino, el amor no. Pero si tú te
salvas, si tú mí querida Margarita estás bien, yo lo estaré también y desde la
nada y a través de mis letras te acompañaré siempre.
Hoy me ha tocado enfrentarme
a días oscuros, tanto los tuyos como los míos. No sé si los míos aclararán, pero los tuyos en
definitiva sí lo harán, estoy seguro. Desearía que cuando ese momento llegue pueda yo estar
contigo. De no ser de esta forma, tranquila, mi alma estará con vos siempre.
Amarás mi querida Margarita,
seguro que lo harás, y te amaran a ti también. Te veo caminando bajo la lluvia,
tomada de la mano de un hombre no muy alto, de gestos amables, y vestido con
simpleza. Los veo a los dos en una esquina entrelazados en un abrazo, un largo
y cálido abrazo. Así, abrazados esperan.
Él te toma la cara y te la acaricia con ternura, tú, como lo quieres haces lo
mismo y se funden los dos en un larguísimo y acaramelado beso. Aún llueve, y
entre sus dulces labios sientes el agua correr.
Tus días estarán llenos de
felicidad, de detalles, de música y letras, porque eso sí ni se te ocurra
siquiera acercarte a uno que no lea, ¡jamás!, aquel que te amé, debe hacerlo
como lo hacen en los libros, como se ama en la literatura porque así, y sólo así
no le importara como seas, y estará
contigo sin importar nada, porque te amara como eres, como sientes, como
piensas pues, sin duda alguna serás su vida ya que en ti verá esas musas de los
libros en los que se pierde y es algo que los dos comparten, porque tú, mi
Margarita querida, lo aceptes o no, tienes muchas cosas que cualquier hombre
querría. Yo ese día, espero ya haber levantado mis alas y estar muy, muy lejos,
rogando por tu felicidad desde la nada."

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