Ayer me preguntaron por ti, por tu vida, por el trabajo de tu
padre y la salud de tu mamá.No supe que responder, solo dije un “Bien, supongo”
y no sé pero recordé todo, recordé tus
pequeñas pecas en la espalda, tu risa contagiosa, tus ojos a los rayos del sol
y a la luz de la luna, tus bonitas manos,
tus graciosos pies, tus labios mordibles, tu cabello con vida propia, tus
gestos de enojo y tristeza, tu lengua de fresa, tu letra, tus lunares en el
cuello, tus pupilas dilatadas, tu tímida voz, la forma en que me mirabas
después de cada beso, tus lágrimas, tus celos, tus sonrisas ¡Tu sonrisa! Pero
que amuleto de buena suerte era tu sonrisa, tus delicadas orejas , tu pequeño
ombligo, tu respiración, tus latidos, tu
forma de escribir, tu eterno orgullo que jamás pude contra él, tus promesas que
ahora son solo palabras olvidadas, tus detalles que en aquellos días me
hicieron la mujer más feliz de todo el universo, tus mensajes a media noche,
las llamadas que nunca contesté por miedo a los regaños de mi padre, tus
abrazos en el bus, los juegos de niños de tres años en el pasto, las gripes que
nos causó caminar bajo la lluvia por
tanto tiempo, tu intento de risa al escuchar mis absurdos y tontos chistes, tus
“Te amo”… todo, recordé todo… y sonreí, sonreí porque pese que todo terminó
miles de eternidades antes que se suponía lo nuestro tendría que durar, me
hiciste descubrir que puedo amar… amar con cada célula y cada parte de mi
destrozada alma. Porque puede que ahora te esté yendo mejor que cuando estabas
a mi lado, que ahora seas feliz con
alguien más y suspires por ella como jamás lo hiciste conmigo, puede que ya ni
recuerdes mi segundo nombre, mi color favorito y mis manías, pero está bien
porque en aquel momento recordaste todo aquello y más, está bien porque me hiciste
parte de tu vida, porque por unos meses hiciste a una triste señorita muy
feliz... más feliz de lo que los libros dicen que se puede ser.
Pero si piensas que te extraño, no... no te extraño. Yo
extraño esa maravillosa época donde sentía que era capaz de volar sin necesidad
de alas, yo extraño esas sonrisas inesperadas al saber que faltaba poco para verlo,
no… no te extraño, extraño al hombre que alguna vez fuiste, al hombre con esa increíble
extrañeza que me hacía temblar las rodillas, extraño a ese ser maravilloso que
estuvo a mi lado y me hacía sentir hermosa. Ese hombre que tú ya no eres, ese que
claramente ya no existe… solo quedan sus cenizas, cenizas que están en forma de
recuerdos y yo las tengo en la urna de mi memoria. Porque en esta época hubo un
hombre que fue perfecto para mí … porque aunque casi nadie lo llegó a conocer y muchas no me
creen al escuchar aquella historia donde me enamoré del hombre más estupendo, tengo
la certeza de que si...
¡Existió!

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