jueves, 2 de mayo de 2013

Una tarde cualquiera.


Hoy decidí sentir la lluvia, llegué empapada a estudiar pero no me importó en absoluto, me gusta caminar bajo la lluvia  y analizar el comportamiento de las  personas; muero de risa con esas mujeres que hacen todo para proteger su cabello que a decir verdad son la mayoría.. unas se ponen bufandas, libros y hasta chaquetas en la cabeza, los hombres en cambio prenden cualquier cigarro y fuman hasta acabarse una caja entera de estos y que me dicen de los que se encuentran manejando moto.. parecen pescadores con sus impermeables, otros parecen sacados de películas de terror…pero en cambio los niños parecen muy felices esquivando charcos e intentado probar las gotas de lluvia. Tengo que admitir  que envidio a aquellas parejas que van tomadas de las manos y parecen realmente felices.. ella con el abrigo de él y él con los pelitos de los brazos de punta pero con una enorme sonrisa porque su enamorada no está sintiendo frío; digo que los envidio porque seguramente sienten que hacen parte de algo en este caso uno al otro..  y si que es bonito sentirse querido y no tan solos como creemos estarlo.
Al llegar a la universidad lo único que hice fue comprar un latte en ese bonito café que tanto amo, es que es como si fuera un pedazo de  octava maravilla del mundo, fue mi segundo latte en el día.. creo que tengo una leve obsesión por el café y con las personas con el alma rota, siento que tengo que hacer algo para arreglarlas pero que al final no hago nada porque ni yo misma en casi 19 años he podido arreglar la mía.
Seguí perdida en mi universo, leyendo aquel libro que me ha hecho sentir tan.. tan… diferente o quizá no fue el libro, fue el sueño de hace unos días o los gritos de mi mamá refiriéndose a lo inútil y buena para nada que soy o el recuerdo de la vez que me enamoré perdidamente de un chico que tiempo después me echo al olvido. Fueron y son tantas cosas a la vez, no me importó que mi cabello se haya desordenado y mis crespos estaban imposibles de peinar y fue ahí en medio del salón rodeada de tanta gente que me vacía cuando  llegaron ideas a mi cabeza.. la idea de que ningún hombre jamás se enamoraría de mí, la idea de que posiblemente nunca estudie lo que de corazón me gustaría estudiar, la idea de que jamás  podré ser la razón de alguien y la mejor amiga de cualquiera, la idea de seguir siendo siempre “aquella tonta de sonrisa fingida que se la pasa con sus audífonos o leyendo  libros que a nadie le interesan”.
Creo que el mundo es demasiado grande cuando no tienes a nadie a quien decirle a dónde vas a estar y la vida es como un laberinto de frustraciones y en cada esquina te topas con una nueva decepción, decepciones que por más que encuentres no eres capaz de acostumbrarte… y entonces después de tanto pensar en la nada llegué a la estúpida conclusión que mi vida es una colección de angustias, soledades y desvaríos o para ser más poética es como un cielo en una noche demasiado fría y cada sueño es una estrella y digo que hay un gran número de estrellas brillantes pero también hay muchas fugaces, azules rojas  y otras, la gran mayoría muertas.

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