Usted no se imagina la cantidad de cartas que escribí pero jamás le envíe.. cartas intentado expresar lo mucho que lo amaba, lo
mucho que lo extrañaba, describiendo la tristeza que sentía cuando usted
decidió irse y dejarme con toda la carga de vivir en mis hombros, no se alcanza
a imaginar las miles de palabras que escribí con un nudo en la garganta y
lágrimas en los ojos.. lágrimas que en ocasiones eran la perfecta marca de agua
que decoraban las hojas de papel. Pase madrugadas pensando en cómo lograr que
usted volviera a mi lado, le rogué al destino para que en alguna tarde lluviosa
nos encontráramos por casualidad, pedía deseos cada noche a una estrella.. deseos como “Recibir
algún mensaje suyo” “Ojalá que observe algo, se acuerde de mí y decida llamarme
o venir a buscarme” ahora que lo pienso
mejor quizá era la estrella equivocada, tantos suspiros que se escaparon al
recordar su sonrisa, tantas canciones dedicadas en silencio y a distancia, creando poemas en
aquellas tardes solitarias sabiendo muy bien que usted estaba con alguien más
en ese momento, añorando su regreso y haciéndome falsas esperanzas diciendo que
su adiós solo era algo temporal.
Ahora que los meses han pasado y la chica enamorada que era
se ha esfumado (no sé si completamente) puedo decir que estaba realmente
equivocada. Comprendí situaciones que no encajaban, verdades que me negaba a aceptar
y que después de un tiempo por fin acepté… una realidad donde amaba más mi idealización
hacía usted y no lograba ver ese desprecio y ese poco amor que en verdad sentía.
Pero no, no piense que me decepcionó... al
fin de cuentas no fue su culpa, fue mía por ser tan ingenua y enamorarme como
ahora nadie lo hace. Con usted aprendí lecciones valiosas que seguramente no
hubiera aprendido al lado de otra persona, lo idealicé como el hombre perfecto
sin darme cuenta que la perfección solo es algo ocioso y aburrido, le entregué
mi vida y las escrituras de mi alma sin saber que no era capaz de una
responsabilidad tan grande, le amé sin medida y me enamoré perdidamente, no de usted
sino de sus hermosas mentiras y de su falsa actuación como amor de mi vida.
Y ésta es mi última carta.

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