jueves, 2 de mayo de 2013

La última carta.


Usted no se imagina la cantidad de cartas que escribí  pero jamás le envíe.. cartas  intentado expresar lo mucho que lo amaba, lo mucho que lo extrañaba, describiendo la tristeza que sentía cuando usted decidió irse y dejarme con toda la carga de vivir en mis hombros, no se alcanza a imaginar las miles de palabras que escribí con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos.. lágrimas que en ocasiones eran la perfecta marca de agua que decoraban las hojas de papel. Pase madrugadas pensando en cómo lograr que usted volviera a mi lado, le rogué al destino para que en alguna tarde lluviosa nos encontráramos por casualidad, pedía deseos  cada noche a una estrella.. deseos como “Recibir algún mensaje suyo” “Ojalá que observe algo, se acuerde de mí y decida llamarme o venir a buscarme”  ahora que lo pienso mejor quizá era la estrella equivocada, tantos suspiros que se escaparon al recordar su sonrisa, tantas canciones dedicadas en  silencio y a distancia, creando poemas en aquellas tardes solitarias sabiendo muy bien que usted estaba con alguien más en ese momento, añorando su regreso y haciéndome falsas esperanzas diciendo que su adiós solo era algo temporal.
Ahora que los meses han pasado y la chica enamorada que era se ha esfumado (no sé si completamente) puedo decir que estaba realmente equivocada. Comprendí situaciones que no encajaban, verdades que me negaba a aceptar y que después de un tiempo por fin acepté… una realidad donde amaba más mi idealización hacía usted y no lograba ver ese desprecio y ese poco amor que en verdad sentía. Pero  no, no piense que me decepcionó... al fin de cuentas no fue su culpa, fue mía por ser tan ingenua y enamorarme como ahora nadie lo hace. Con usted aprendí lecciones valiosas que seguramente no hubiera aprendido al lado de otra persona, lo idealicé como el hombre perfecto sin darme cuenta que la perfección solo es algo ocioso y aburrido, le entregué mi vida y las escrituras de mi alma sin saber que  no era capaz de una responsabilidad tan grande, le amé sin medida y me enamoré perdidamente, no de usted sino de sus  hermosas mentiras y  de su falsa actuación como amor de mi vida.
 Y ésta es mi última carta.




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