La desilusión me persigue. Me cansa tanto esperar... me aburre que pasen los segundos, minutos y horas, sentada esperando que llegues a mí. Estoy tan agotada de ser la que siempre espera, la que está disponible, la que da todo de sí... aquella que no te pone obstáculos, la que aguarda tu llegada con alegría, la que se pone feliz al verte. Por dentro estoy derrotada, angustiada y desesperada. Mi mundo se desarma, y no quiero mostrarlo. Es mío, y no quiero que nadie lo sepa. Me guardo mis temores. Me guardo la bronca que me da esperar. Soporto las desilusiones, una tras otra, porque no tengo más fuerzas para pelear... porque ya nada importa.

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