-Y sin quererlo, tu y yo nos hicimos la guerra, en alma y cuerpo. Luchamos como si no hubiese futuro, como si la sentencia fuese uno u otro. Pelamos en cielo y tierra, batallamos hasta el cansancio. Nuestras voces se oían más que el canto de las sirenas, nuestro sudor era más salado que el mar, nuestro fuego era mayor que el de un volcán. Y aún así, cansados de tanto pelear, seguimos, porque la lucha es eterna, porque no pudimos ponerle un fin a algo que nunca tendría que haber comenzado, porque cuando dos mundos chocan, uno siempre termina devastado.

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