lunes, 20 de agosto de 2012

Gorda, estúpida e inútil.




"Siempre dije que mi mente era mi peor enemiga... que nadie podría hacerme más daño del que podría hacerme yo misma. Pero creí morir cada vez que alguna de las personas que amaba me abandonaba.
Empecé con cortes, seguí con pastillas, todo esto por dolor .Porque no soportaba que se alejaran de mí, aún cuando fuera necesario. Primeramente porque tenía que crecer, dejando de lado la mano de mamá, afrontando la realidad, lo que me tocaba ser o, mejor dicho, NO SER. No era normal, quizá porque me sentía especial, diferente del resto, porque los demás estaban un paso adelante, y yo aún seguía atrás. Porque los demás jugaban a ser felices mientras yo moría de angustia. Mi angustia, ¡qué tema complicado!

Quizás estaba triste porque no conseguía aceptarme al mirarme al espejo, me detestaba: tenía 30 kilos de más. 

 No sólo llevaba el dolor que se padece al tener tanto sobrepeso, sino que también tenía que cargar con las intimidantes discriminaciones de mis compañeros de colegio. Tampoco quiero echarles la culpa porque, al fin y al cabo, yo decidía ponerme mal por esas cosas.

Retomando, quería ser como ellos, quería reír, sentirme feliz, pero me sentía pésimo, no quería vivir, me costaba e incluso hasta me dolía hacerlo. Estaba entrando, casi sin darme cuenta, en una terrible depresión que me llevaría a la destrucción total. Encontraba distintas formas de maltratarme, de agredirme; me odiaba, por lo tanto, lo merecía. Me discriminaba no (solamente) por ser gorda, sino por ser YO. Sufría por vergüenza, sufría por temor, sufría por rechazos, sufría por todo, por cualquier cosa. Sufría por sufrir, porque siendo lo que era (gorda, estúpida, inútil) no tenía derecho a nada, o, al menos, ésa era mi teoría."



No hay comentarios:

Publicar un comentario