"Siempre dije que mi mente era mi peor enemiga... que nadie podría hacerme más daño del que podría hacerme yo misma. Pero creí morir cada vez que alguna de las personas que amaba me abandonaba.
Empecé con cortes, seguí con pastillas, todo esto por dolor .Porque
no soportaba que se alejaran de mí, aún cuando fuera necesario. Primeramente porque
tenía que crecer, dejando de lado la mano de mamá, afrontando la realidad, lo
que me tocaba ser o, mejor dicho, NO SER. No era normal, quizá porque me sentía
especial, diferente del resto, porque los demás estaban un paso adelante, y yo
aún seguía atrás. Porque los demás jugaban a ser felices mientras yo moría de
angustia. Mi angustia, ¡qué tema complicado!
Quizás
estaba triste porque no conseguía aceptarme al mirarme al espejo, me detestaba: tenía 30
kilos de más.
Retomando,
quería ser como ellos, quería reír, sentirme feliz, pero me sentía pésimo, no quería
vivir, me costaba e incluso hasta me dolía hacerlo. Estaba entrando, casi sin
darme cuenta, en una terrible depresión que me llevaría a la destrucción total.
Encontraba distintas formas de maltratarme, de agredirme; me odiaba, por lo tanto,
lo merecía. Me discriminaba no (solamente) por ser gorda, sino por ser YO.
Sufría por vergüenza, sufría por temor, sufría por rechazos, sufría por todo,
por cualquier cosa. Sufría por sufrir, porque siendo lo que era (gorda,
estúpida, inútil) no tenía derecho a nada, o, al menos, ésa era mi teoría."

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