Te noté algo cansado y un poco descuidado, pensé en todo lo que probablemente habías hecho
durante el día. La rutina fue la siguiente:
“Eran las 8:00 a.m, una mañana bastante fría, seguías en la
cama con una de tus medias en el suelo y
la otra todavía en tu pie derecho. De repente tu celular empieza a sonar, tú
despiertas, lo tomas y entonces una
sonrisa se dibuja en tu rostro al leer un mensaje “Buenos días mi pedacito de cielo, lamento si
te desperté pero es que tú no te vas de mis pensamientos ni un solo momento.
Cuento las horas para vernos y prepárate porque todos estos besos que guardé mientras estabas lejos por fin se
harán una realidad.” Te levantaste de un salto y entraste al baño sonriendo estúpidamente y cantando Crazy
de Aerosmith. Te vestiste con tu pantalón favorito, tu camiseta de la
suerte y como era de esperar no te peinaste… nunca te peinas y aun así sigues
siendo hermoso.
Ayudaste a tu mami a hacer pancakes y a preparar café ,
desayunaron todos en medio de risas al escuchar el sueño de tu padre. Eran las
10:00 e informaste a todos que ibas a salir y regresarías más tarde.
Te dirigiste a una bonita floristería de la ciudad,
compraste un ramo de gerberas de distintos
colores (si que era hermoso) caminaste con los audífonos puestos hasta que se
hicieran las 12. Era hora para ver a la chica que te había enviado aquel mensaje
en la mañana.
Quedamos de vernos a esa hora en el lugar donde siempre nos encontrábamos
después de clase. Me viste llegar desde lejos y como en una escena de alguna
película cursi corrimos a abrazarnos, nos besamos por un largo tiempo y caminamos como los típicos tontos enamorados…
todo era como en los viejos tiempos, algo increíble porque después de tantos
meses sin vernos nuestro amor estaba más
fuerte que nun… ¡NO! ¿a quién engaño? nada de esto pasó. No existió ningún
mensaje, ninguna escena de película cursi y mucho menos el beso perfecto. Si,
es cierto compraste flores pero no para mí, caminaste con una chica pero no era
yo, se besaron, se abrazaron y….”
No quise pensar nada más, en ese instante recordé que no
tenía nada que hacer en tu habitación. Te besé la mejilla, se dibujó una
sonrisa en mi rostro al verte por última vez y regresé a mi cuerpo.

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