"Ya te decía en la carta que soy un ser mucho más imperfecto de lo que puedas imaginarte. Estoy mucho más enferma de lo que crees, las raíces son mucho más profundas. Por eso quiero que, si puedes, sigas con tu vida. No me esperes. Si te apetece acostarte con otras chicas, hazlo. No te reprimas por mi causa. Haz todo lo que quieras. Si no, podría acabar convirtiéndote en mi compañero de viaje, y eso es algo que no quiero que suceda jamás. Me niego a interferir en tu vida, ni en la vida de nadie. Tal como te he dicho antes, ven a visitarme de vez en cuando y acuérdate siempre de mí. Eso es lo único que deseo.
—Pero eso no es lo que deseo yo —intervine.
—A mi lado, estás desperdiciando tu vida.
—No estoy desperdiciando nada.
—Es posible que nunca me recupere. ¿Me esperarías a pesar de todo? ¿Podrías esperarme diez, veinte años?
—Tienes demasiados miedos —dije—. A la oscuridad, a las pesadillas, al poder de los muertos. Lo que tú debes hacer es olvidarte de ellos. Si los olvidas, seguro que te recuperarás.
—¡Si fuera capaz!
—Si pudieras salir de aquí, ¿te gustaría vivir conmigo? —le pregunté—. Yo podría protegerte de la oscuridad, de los sueños y, aunque no estuviera Reiko, podría abrazarte. Naoko se arrimó aún más a mi brazo.
—¡Sería maravilloso! —exclamó."

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