"Estaba comenzando a perder la capacidad de sentir. Mi propio mundo podía ser un vacío, pero perder la capacidad de mantener un asidero en él me dejaba de manera implacable en un especie de limbo sin ningún sentimiento o consuelo. Entonces, como muchas otras personas “perturbadas” comencé a herirme con el propósito de sentir algo. Parecía que la “normalidad” de los otros era el camino hacia mi locura. Mi habilidad para mantenerlos alejados, me mantenía sana."

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