lunes, 20 de mayo de 2013

Marissa.

Marissa es una muñeca de trapo muy distinta a las otras muñecas de trapo, en vez de tener un par de ojos artificiales tiene dos botones gigantes negros, en vez de una sonrisa de tela fina tiene una línea horizontal cosida con un barato hilo rojo , no tiene un vestido de color rosa con lentejuelas plateadas ni uno azul con decoraciones doradas..  ella tiene un  vestido hecho de retazos de telas viejas, tampoco tiene zapatillas finas y elaboradas.. ella tiene un par de zapatos café rotos y gastados
Marissa siempre se ha sentido diferente, nunca ha sido la amiga de nadie  y todos la conocen como la estúpida muñeca que fue recogida de un basurero. Ella siempre ha estado sola pero lo que nadie sabe es que detrás de ese par de botones gigantes se esconde una profunda e inconsolable tristeza.
Cada mañana Marissa observa su rostro en el espejo y se pregunta porque no tiene un cabello sedoso, uniforme y hermoso como el de las otras muñecas  y porque en vez de ello tiene pedazos de lana de distintos colores en su cabeza, cada mañana observa la línea horizontal hecha de hilo y se pregunta porque no tiene una sonrisa como el resto,también mira sus enormes botones como ojos, su nariz retorcida, su  vestido poco agraciado, sus manos llenas de suturas y sus zapatos rotos y llora porque nadie la quiere, porque nadie le dice lo bonita que es su sonrisa o lo bella que luce a los rayos del sol.
Una mañana cualquiera Marissa se levantó con ganas de cambiar todo lo que era, ya no soportaba ser una muñeca invisible, fea y estúpida así que decidió someterse a ciertas torturas para ser bella, bella como las otras muñecas de trapo que conocía. Lo primero que hizo fue hacer un hermoso vestido  hecho de pétalos de rosas azules con brillos de polvo de estrellas y decoraciones con perlas… fue algo realmente difícil puesto que las espinas de las rosas azules son sumamente grandes y filosas, tuvo que ir al espacio para recoger polvo de alguna estrella y se zambulló a los más profundos mares para conseguir una que otra perla. Marissa termino con más suturas en sus manos, lastimada, rota y con orificios en todo su cuerpo… aun así no se arrepentía de nada y su idea de cambiar totalmente seguía en pie.
Lo siguiente que hizo fue hacer unas zapatillas del color de su vestido.. necesitó más pétalos de rosas y distintas ramas de un cerezo japonés…ramas que para conseguirlas tuvo que pasar 32 noches cuidando al cerezo para que nadie le hiciera daño, contagió varios resfriados y terminó llena de moretones al recibir los golpes de las rocas que muñecas tontas le arrojaban al no dejar que se subiesen al árbol.
Marissa estaba agotada pero según ella todo iba a mejorar al tener un aspecto diferente y entonces fue cuando se  arrancó los trozos de lana de su cabeza y se pego una peluca rubia y sedosa de  esas muñecas de plástico, se desmayó del dolor por 3 días pero al despertar tenía el cabello que siempre quiso desde pequeña así que no le importó el dolor que sentía cada vez que se peinaba.
Al ver su nuevo vestido, sus finas zapatillas, su hermosa cabellera se dio cuenta que  ese hilo rojo  no la hacía ver feliz... fue ahí cuando cortó un pedazo de tela fina y se cosió una sonrisa, no le interesó el dolor porque ahora lucía feliz … Después de todos los cambios observó detenidamente el par de botones negros y se dijo así misma que ellos no salían con su maravilloso atuendo, no dudo en comprar unos ojos artificiales y adherirlos con pegamento caliente al rostro.. sabia perfectamente que  iba a quedar ciega de por vida pero si todos la amaban y  escuchaba halagos de lo hermosa que era ¿para qué la vista? Marissa quedó ciega pero no le importó.
Ahora era una muñeca igual al resto,  no podía ver pero por primera vez en su vida se sintió feliz, cuando estaba decidida a salir al mundo y escuchar halagos por su extrema belleza ella se tropezó con sus antiguos zapatos rotos y la hicieron caer encima de la aguja con que había cosido su nuevo vestido,la aguja le atravesó el corazón y murió…Marissa murió hermosa, ciega y con una bonita sonrisa en su rostro  pero no sirvió de nada porque jamás nadie la vio con ese nuevo aspecto y el tiempo hizo de las suyas, su cuerpo fue olvidado igual que ella.
Pobre Marissa, nunca entendió que  era la única muñeca hecha a mano y que por eso era tan especial y con una belleza distinta al resto.



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