Marissa siempre se ha sentido diferente, nunca ha sido la
amiga de nadie y todos la conocen como
la estúpida muñeca que fue recogida de un basurero. Ella siempre ha estado sola
pero lo que nadie sabe es que detrás de ese par de botones gigantes se esconde una
profunda e inconsolable tristeza.
Cada mañana Marissa observa
su rostro en el espejo y se pregunta porque no tiene un cabello sedoso,
uniforme y hermoso como el de las otras muñecas
y porque en vez de ello tiene pedazos de lana de distintos colores en su
cabeza, cada mañana observa la línea horizontal hecha de hilo y se pregunta
porque no tiene una sonrisa como el resto,también mira sus enormes botones
como ojos, su nariz retorcida, su vestido
poco agraciado, sus manos llenas de suturas y sus zapatos rotos y llora porque
nadie la quiere, porque nadie le dice lo bonita que es su sonrisa o lo bella
que luce a los rayos del sol.
Una mañana cualquiera Marissa se levantó con ganas de
cambiar todo lo que era, ya no soportaba ser una muñeca invisible, fea y
estúpida así que decidió someterse a ciertas torturas para ser bella, bella
como las otras muñecas de trapo que conocía. Lo primero que hizo fue hacer un
hermoso vestido hecho de pétalos de
rosas azules con brillos de polvo de estrellas y decoraciones con perlas… fue
algo realmente difícil puesto que las espinas de las rosas azules son sumamente
grandes y filosas, tuvo que ir al espacio para recoger polvo de alguna estrella
y se zambulló a los más profundos mares para conseguir una que otra perla.
Marissa termino con más suturas en sus manos, lastimada, rota y con orificios
en todo su cuerpo… aun así no se arrepentía de nada y su idea de cambiar
totalmente seguía en pie.
Lo siguiente que hizo fue hacer unas zapatillas del color de
su vestido.. necesitó más pétalos de rosas y distintas ramas de un cerezo japonés…ramas
que para conseguirlas tuvo que pasar 32 noches cuidando al cerezo para que
nadie le hiciera daño, contagió varios resfriados y terminó llena de moretones
al recibir los golpes de las rocas que muñecas tontas le arrojaban al no dejar
que se subiesen al árbol.
Marissa estaba agotada pero según ella todo iba a mejorar al
tener un aspecto diferente y entonces fue cuando se arrancó los trozos de lana de su cabeza y se
pego una peluca rubia y sedosa de esas
muñecas de plástico, se desmayó del dolor por 3 días pero al despertar tenía el
cabello que siempre quiso desde pequeña así que no le importó el dolor que sentía
cada vez que se peinaba.
Al ver su nuevo vestido, sus finas zapatillas, su hermosa
cabellera se dio cuenta que ese hilo
rojo no la hacía ver feliz... fue ahí
cuando cortó un pedazo de tela fina y se cosió una sonrisa, no le interesó
el dolor porque ahora lucía feliz … Después de todos los cambios observó
detenidamente el par de botones negros y se dijo así misma que ellos no salían
con su maravilloso atuendo, no dudo en comprar unos ojos artificiales y adherirlos
con pegamento caliente al rostro.. sabia perfectamente que iba a quedar ciega de por vida pero si todos
la amaban y escuchaba halagos de lo
hermosa que era ¿para qué la vista? Marissa quedó ciega pero no le importó.
Ahora era una muñeca
igual al resto, no podía ver pero por
primera vez en su vida se sintió feliz, cuando estaba decidida a salir al mundo
y escuchar halagos por su extrema belleza ella se tropezó con sus antiguos
zapatos rotos y la hicieron caer encima de la aguja con que había cosido su nuevo
vestido,la aguja le atravesó el corazón y murió…Marissa murió hermosa, ciega y
con una bonita sonrisa en su rostro pero
no sirvió de nada porque jamás nadie la vio con ese nuevo aspecto y el tiempo
hizo de las suyas, su cuerpo fue olvidado igual que ella.
Pobre Marissa, nunca entendió que era la única muñeca hecha a mano y que por eso
era tan especial y con una belleza distinta al resto.

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