"Lo cierto es que la vida —¡qué indecente resulta nombrarla así, como si fuera una divinidad, como si encerrase una esotérica significación y no fuera lo que todos sabemos que es: una repetición, una aburrida repetición de dilemas, de rostros, de deseos!—, lo cierto es que la vida desde el principio me sacó ventajas y yo no he podido ni podré jamás recuperar el terreno perdido. Es un oficio odioso el de testigo y yo ni siquiera puedo evitar el serlo de mí misma, el comprobar cómo voy quedando atrás en el afecto, en la estima de quienes esperaban otra cosa de mí."

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