domingo, 5 de mayo de 2013

Esa fue mi noche.

"En las noches que me sentí tan mal como para llorar a gritos, no lloré a gritos sino silenciosamente, tapado por la almohada.  Pero ahí también uno exagera. No se puede ser lúcido con el pecho hinchado de congoja, o de desesperación. Mejor llamémosle desesperación. Sólo para mi, claro. Que los demás cuelguen sus etiquetas: hipocondria, neurastenia, luna. Yo he llegado a un pacto conmigo mismo y por eso le llamo desesperación.   Este es el momento, estoy seguro, porque no estoy alegre ni desesperado. Estoy, cómo decirlo, simplemente tranquilo. No, ya me falseo. Estoy horriblemente tranquilo. Así está mejor."


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