domingo, 7 de abril de 2013

Cómoda..

" —Me parece que ya no vale nada —¿Perdón, que ya no valgo nada? —Si, ya no vales nada, no perdón, no tú, esto. Nosotros… Yo —¿Desde cuando? —… —¿Qué ha pasado? Dime. —… —Vamos, dime. ¿Has dejado de quererme? —Te equivocas, no es eso. —¿Y qué es entonces?, ¿qué diablos es?, porque no lo entiendo, de verdad, no entiendo nada. —¿Alguna vez lo entendiste? —¡No lo sé! ¡¿Por qué no me respondes, maldita sea?! —¡Te amo!, ¿eso quieres escuchar?: te amo mucho, pero cada vez que hablas, cada vez que me miras, cada vez que colocas una mano sobre mi, me siento… —Vamos, no te quedes callada, ¿te sientes…? —Miserable, total y completamente miserable. No hubo más charla, sólo su mirada desconcertada. Quizás nunca lo amé, nunca supe lo que era estar enamorada, en realidad. Sin embargo se lo dije, sin aguantarme nada; y a veces, el peor error que uno puede cometer es decir una verdad sin anestesia. Yo estaba allí, encarnando lo miserable que era y traspasándoselo a él, por el capricho de volver a una paz de mentiras, a algo que yo, egoístamente necesitaba. Y así, como si nunca hubiera querido a alguien, dejé que otra hermosa relación se fuese y me dejase allí, en el olvido, con la miserable soledad que yo creía cómoda. " 
De miserias y soledades. El día en que decidió llorar.




No hay comentarios:

Publicar un comentario