"Se acabó, como quién se levanta de la mesa porque el té ya está frío. ¿Y sabe qué? Lo triste de la situación no es que le haya dejado ir, no es que sólo me haya dignado a mirar hacia abajo y a soltar la cuchara, lo triste de todo esto era que día tras día -cuando usted ya se había marchado- yo seguía tomando el té, a la misma hora, en el mismo lugar, con la misma facha; como si le estuviera esperando, y ahí está, jamás he podido aclarar si le esperaba por amarle demasiado o solamente porque nos habíamos convertido en una que otra costumbre."

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