Cada trozo de vida se me escapa entre los dedos, la esperanza se desvanece al
pasar las hojas del calendario, no me acuerdo la última vez que me sentí feliz solo sé que aquellos instantes de felicidad
han sido sellados para jamás volverlos a vivir,
cada noche una parte de mí muere
y todas las mañana el viento recoge las cenizas y las esparce hasta cada rincón
donde se encuentran las vidas olvidadas, vidas
llenas de soledad, penumbra y desconsuelo.
Sentir apatía al saber que mañana el sol saldrá de
nuevo, al recordar que el mundo seguirá girando, el tiempo me seguirá matando y
el hastío no me dejará ni un segundo en paz.
Escuchar tantas risas falsas, conversaciones ajenas
llenas de mentiras, escuchar el sonido de mis sueños rompiéndose, sentir ese
dolor que ni siquiera con miles de dosis de morfina se aliviaría, esconder mis
ojos tristes y mis ojeras que son caminos para aquellas lágrimas llenas de
angustia, buscando el camino de este laberinto,
la solución a este acertijo, no
encuentro razones, no encuentro motivos para no saltar del precipicio, ya es
tarde para reparar mi alma y armar mi corazón o eso es lo que la voz de mi
cabeza me repite aunque mi alma grita que solo quiere ser salvada.

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