"Escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella,
que buscando el interés encontró el amor porque tratando de que ella lo
quisiera terminó por quererla (…) se lamentaban de cuánta vida les había
costado encontrar el paraíso de la soledad compartida. Locamente enamorados al
cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse
tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía
cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose
como perros."
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