Totalmente ajeno a ese sentir, él nunca había conocido ese amor romántico, nunca amó. De repente, muchas personas, un nombre entre muchos, un rostro único y unos ojos que lo cruzaron, que le atravesaron el alma enamorándolo con cada susurro de aquellas miradas a las que él, extrañamente, no fue indiferente. No escuchó nada, tan sólo su rostro y corazón fueron objeto de los besos de esas olas de alegría y tristeza… estaba enamorado y ella, entre silencios, también lo estaba.
Fabiola Rossi

No hay comentarios:
Publicar un comentario