En ese minuto lo supo quizás por primera vez. Entendió que no se merecía que la quisieran a medias o que alguien quisiera a la que podría llegar a ser en un futuro si se esforzaba por cambiar. Ella merecía que la quisieran entera, con todas sus porquerías y con todas sus virtudes. Ella merecía que la quisieran sin dudas, sin reproches, sin peros. Ella merecía a alguien capaz de ver lo mismo que ella vio ese día en el espejo. Y si nadie era capaz de eso, por primera vez sentiría que no fue su culpa.'

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