Luego llegó la vida, y mi siguiente decepción fue hallarme un país sádico, violento, destructivo, vulgar, hostil, sanguinario, tibio, mentiroso, obsceno, falso, moralista, y un sinfín de adjetivos que puedan ser decepcionantes para alguien. Entonces, me decepcioné también de mi origen. Supongo que también el origen se decepcionó de mí: en mi naturaleza “decepcionativa” me resulta más indignante la ropa que los 300000 homicidios al año que pasan en Colombia. Así, yo decepcionada del origen, y el origen de mí, aprendí a que me importaran cosas incorrectas, vanas y superfluas, alejadas del sentimiento ordinario de cualquier colombiano promedio.
Después de decepcionarme de la vida, y del origen, me voy decepcionando cada día un poco más de todo: mamá es santa y todo lo demás, pero me decepciona y yo la decepciono a ella, y así, del mismo modo en el sentido contrario es lo mismo con papá. La vida es así: nacemos y nos decepcionamos, y morimos. Reproducirnos es decepcionarnos, podría ser de nosotros mismos, porque no podemos con la soledad del monólogo del alma y nos sentimos solos en nuestros silencios, y qué más compañía que traer a decepcionarse al mundo a alguien.
Posteriormente conocemos a alguien que nos decepciona menos que el resto. Y comenzamos un nuevo camino de decepción con ese alguien que no tiene final sino hasta que nos haya decepcionado más que el resto. Entonces, decepcionados de nosotros mismos y de nuestra soledad, estamos más decepcionados que en el principio."

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