miércoles, 11 de febrero de 2015

El desastre.

Sé que he siempre he sido ese defecto de fábrica que nunca has aprendido a amar con todas y cada una de mis imperfecciones, sé que cuando me ves llegar de la universidad piensas “¿Por qué no es tan alta?” “¿Por qué no es un poco más bonita?” “¿Por qué no es algo más lista?” sé que quieres que sea la mujer más delgada de la ciudad porque así es la única forma que tenga algo de valor (lo sé porque cada día me lo repites) como también sé que le cuentas a tus amigas que estás preocupada por mi forma de ser, porque no me gusta bailar, porque no escucho la música que sale en los vídeos de la televisión, porque no me maquillo como se suelen maquillar las chicas de mi edad, porque nunca contesto el teléfono cuando me marcas… Sé que soy como ese error que has aprendido a amar por partes y que por alguna razón no amas completamente, pero lo irónico de todo es que lo supe desde que era una niña, desde que me regañabas en la calle porque me había raspado las rodillas, desde que me dijiste que si engordaba nadie jamás iba a quererme, desde que escondía mis moretones y heridas para no decepcionarte. Y si, puede que haya sido la alumna perfecta durante todo el colegio y hasta acepté tus peticiones de inscribirme en los cursos de danzas que tanto odiaba, sé que te sentías muy bien al saber que era la estudiante estrella de las clases, pero también sé que después de los 12 años no te has vuelto a sentir orgullosa de mí porque nunca hago nada suficiente, porque parezco una albóndiga, porque lloro cuando me siento triste y obviamente llorar para ti es una tontería. 
Pero no te culpo y de hecho toda la culpa es mía, soy muy torpe con los pies, fea, olvidadiza y no hago nada bien… así que perdóname por no ser tan bonita como las demás chicas, perdóname por no ser lo que tú quieres que sea, perdóname por no ser tu orgullo y sobretodo perdóname por ser este desastre del que tanto te avergüenzas.